One
shot: Lágrimas De Un Fantasma
Lo primero que
llamó su atención en aquella sombría
mañana fueron las campanadas de una iglesia, al observar
hacia donde había oído
ese sonido, le pareció estar presenciando un funeral estilo
occidental, algo
raro de ver.
Desde su
perspectiva, la molesta perspectiva de un niño de seis
años, alcanzó a
vislumbrar personas vestidas de negro que, en una especie de
procesión,
abandonaban una iglesia que se elevaba hacia el cielo entre
enmarañados e
intrincados diseños de flores y ángeles hasta
llegar a la cruz de su cima, y
hermosos vitrales que de seguro hacían un bello y
sobrecogedor juego de luces
al interior del lugar, tan propios de la religión
católica.
La
procesión seguía devotamente un ataúd
cerrado, mientras era leído el
réquiem…
y el llanto de los seres queridos del difunto quebraba las
fúnebres notas
tocadas por la campana de la iglesia… un panorama que
resultaba ciertamente
inquietante.
Como detective que
era, estaba acostumbrado a la cercanía de la muerte. Los
ojos vacíos e inexpresivos de un difunto, la sangre manando
de sus cuerpos, a
veces reciente y cálida y otras fría y seca, el
gesto de horror de sus caras y
a veces el descuartizamiento de sus cuerpos. Realidades vistas desde
tan
pequeño que ya estaba acostumbrado a aquellas macabras
escenas y por lo tanto,
inmune a la sensibilidad que provoca en los sentidos de personas menos
acostumbradas, la presencia de un cadáver.
Se
quitó las gafas, algo empañadas por la bruma de
la mañana, y las limpió con
un pañuelo, entretanto la procesión de personas
vestidas de negro que salía de
la iglesia pasaba junto a él. Mientras estaba atareado en la
limpieza de sus
gafas, alguien chocó contra él lo que
provocó que se tambaleara y que en el
intento de no perder el equilibrio y caer, las gafas se deslizaran de
entre sus
dedos y cayeran en el piso. Aquella persona dejó de andar y
cogió las gafas
para luego dárselas.
Los ojos del, en
apariencia niño, se abrieron desmesuradamente debido a la
sorpresa, cuando una joven de delicado y hermoso cuerpo que en esos
momentos
cubría con un vestido negro, se inclinó ante
él para colocarle las gafas. Su
cabello largo y castaño oscuro caía lacio sobre
sus hombros apenas mecido por
la brisa matutina y sus ojos violáceos eran dos inexpresivas
orbes anegadas en
lágrimas.
- He…
Hermanita Ran… - murmuró con voz temblorosa. La
joven no contestó, y es
que ni siquiera parecía verlo realmente, se
incorporó como si nada hubiera
pasado y siguió caminando.
Él la
siguió, aferrándose al vestido de ella con su
pequeña mano y tirando de
él, tratando de llamar su atención.
-
¿Qué sucede hermanita Ran…
quién ha muerto?… ¿Qué
haces aquí?... ¿Por qué
lloras?
Ninguna de sus
preguntas tuvo respuesta, ella no parecía
oírlo… No entendía
cómo si hace un momentote le colocó las gafas,
ahora no lo tomaba en cuenta.
Miró
alrededor en un desesperado intento por comprender la
situación. Con
sorpresa alcanzó a ver a sus padres, también
vestidos de negro, al profesor
Agasa, Sonoko y otros compañeros de la preparatoria, el
inspector Megure y el
tío Kogoro y así, más personas que le
resultaban familiares…
El confuso
murmullo de la multitud se extendió a su alrededor como si
le
hubieran puesto play a una radio en pausa, e incapaz de oír
una frase completa,
sólo alcanzó a distinguir palabras como
‘lamentable’, ‘tan joven’,
‘que
desgracia’… Una especie de terror lo
invadió entonces, sin comprender
exactamente el porqué. Tiró con fuerza del
vestido de Ran, cada vez más
impaciente.
- ¡Ran!
¿Me oyes? ¡Contéstame Ran!
Su mano entonces
soltó el vestido y llevó ambas manos a su
garganta mientras un
gesto de pánico se dibujaba en su rostro… Se
suponía que había gritado las
últimas palabras, sintió incluso como
salían de su boca, pero ningún ruido
perturbó el llanto o el murmullo de los presentes. La
procesión seguía su curso
como si nada y aún se sentía el tañer
de la campana, cada vez más lúgubre, cada
vez más irritante.
El cielo se
oscurecía, pues nubes negras cubrían cada vez
más los débiles rayos
del sol.
Primero una gota,
luego otra y otra, cuales lágrimas desde el oscuro cielo,
caía la lluvia sin que ninguno de los presentes pareciera
notarla.
Ran
aceleró el paso un poco más hasta situarse junto
al ataúd, acariciando la
madera con el gesto apasionado de una amante destrozada.
Nuevamente
intentó gritar, y nuevamente el grito no salió de
su garganta ¿quién
estaba en ese ataúd?... ¿por qué Ran
lloraba? Llevado por una repentina y
descontrolada rabia, una impotencia como fuego dentro de su diminuto
cuerpo,
aceleró también el paso hasta alcanzar a Ran,
para luego adelantarse y una vez
frente a quienes llevaban el ataúd y de cara a ellos, no se
movió, con la firme
intención de que se detuvieran. Necesitaba que escucharan
sus preguntas,
incluso aunque su voz le traicionara y no pudiera pronunciarlas en voz
alta.
Pero nadie se
detuvo, era como si no le vieran, por lo que chocaron contra
él.
Nuevamente se tambaleó, esta vez cayendo al suelo, pero no
sólo él se cayó pues
también perdieron el equilibrio aquellas personas,
provocando que el ataúd cayera
estrepitosamente al suelo.
La tapa se
abrió de golpe y el cadáver cayó, como
en cámara lenta, rodando en
el asfalto hasta quedar de espaldas con su cabeza de medio lado, su
fría
mejilla contra el frío piso las gotas de lluvia mojando su
cabello, su piel,
sus ropas… Sus ojos abiertos, inquietantes y
vacíos, fijos en la nada,
apuntaban directamente al niño…
Conan
había caído a poca distancia del sitio donde
también cayó el cadáver, sus
manos habían alcanzado a frenar la caída justo a
tiempo para evitar que su cara
impactara contra el suelo. De rodillas y con las manos aún
apoyadas en el piso,
sus ojos se fijaron en los del cadáver quien fijaba en
él su vista sin verlo
realmente.
El rostro
pálido, cuyas facciones reflejaban una dolorosa
agonía y esos ojos,
esos ojos tan inquietantes… ese rostro que tantas veces vio
cada vez que…
miraba en un espejo…
Estaba
contemplando el cadáver de Kudo Shinichi… estaba
contemplando su propio
cuerpo muerto, con la misma ropa que había usado aquella vez
que fue junto a Ran
a Tropical Land.
El sonido de la
lluvia, los murmullos que escuchara hacía tan
sólo unos
momentos… todo ruido enmudeció de pronto,
habían oprimido el botón de stop a la
radio o sus oídos estaban ahora sordos… o tal vez
se había detenido el tiempo.
- Esto es un
error… esto no es real ¡yo estoy vivo!...
¡Yo todavía estoy vivo!
Nunca supo si sus
gritos habían sido escuchados o no, no supo si los sonidos
que sus propias cuerdas vocales deberían haber emitido
habían salido de entre
sus labios.
- Shinichi esta
muerto, murió en Tropical Land… No han podido
determinar la
causa de muerte, pero sufrió mucho dolor antes de
morir… Tantos asesinatos que
logró aclarar y él murió entre las
sombras…
Esa era la voz de
Ran.
- No…
es un error – repitió – Estoy
aquí, yo soy Shinichi, y todavía estoy
vivo.
-
Conan… - nuevamente la voz de Ran, que sonaba
extraña, como de una radio mal
sintonizada.
- Conan no existe,
mi nombre es Shinichi…. Cerró los ojos un momento
y al
volver a abrirlos intentó buscar a la chica con la mirada,
pero no podía
moverse, y lo único que sus ojos alcanzaban a ver era la
imagen de un niño
asustado bajo la lluvia que lo miraba fijamente, inmóvil y
con los ojos tan
vacíos como los de un muerto.
Claro, porque
él era Shinichi, él era el
cadáver…
Todo estaba tan
oscuro, no veía a nadie más que al
niño, no veía nada más que
al niño, ni el cielo, ni la iglesia, sólo una
oscuridad profunda.
Y luego, borrosa,
como si una señal de televisión no lograra ser
totalmente
captada por la antena, la imagen de Ran, justo detrás del
niño, abrazándolo.
- Ran estoy
aquí…
Volvía
a ver la imagen del cadáver de si mismo, desde los ojos de
un niño.
Sintió los brazos de Ran rodeando su cuerpecito,
tenía frío, mucho frío, no
alcanzaba a sentir la calidez de la muchacha por mucho que ella lo
estrechara
tan cariñosamente.
- Ran
¿me oyes Ran? Yo estoy ahí, yo soy Shinichi
– pero otra vez aquellas
palabras no fueron sonidos audibles, sólo atinó a
apuntar con la mano hacia el
cadáver de Shinichi… cuyo cuerpo de pronto se
veía extrañamente traslucido… si,
traslucido, como si estuviera desapareciendo.
- Conan…
- Yo estoy
ahí… ahí… Ran,
créeme por favor, esto es una mentira, una
pesadilla…
- Conan…
-
¿Estoy desapareciendo?
Una vez
más veía a Ran abrazando a un niño, a
ese niño de gafas al que también
ha visto reflejado en un espejo, porque ese niño
también era él ¿no?… y
ahora
lo veía desde los ojos de un cadáver, desde unos
ojos que iban desapareciendo.
Quiso
moverse… no lo consiguió…
“¿Voy
a desaparecer?” pensó angustiado “Ran
¿voy a desaparecer?”
- Conan.
” Como
si jamás hubiera existido…”
- ¡Conan!
Estaba oscuro,
sentía la textura de un futón en su espalda, las
mantas estaban
corridas, el rostro de Ran justo sobre el suyo estaba turbado por la
preocupación, visible a pesar de la oscuridad de la noche.
Su cuerpo temblaba
de pies a cabeza, quiso hablar, pero las palabras no
atinaban a salir de su boca, se limitó a sentarse,
rodeándose a si mismo con
los brazos en un vago intento por calmarse.
Era un
sueño, un sueño nada más y eso estaba
claro, el mundo real no tiene
incoherencias tan extrañas como las de ese sueño
¿por qué resulta tan difícil
mantener la cordura dentro de un sueño?... ¿por
qué incluso si ya estaba
despierto seguía sintiendo la misma angustia asfixiante?
Los calidos brazos
de Ran lo rodearon, lo estrecharon… si, como en el
sueño,
pero ahora si era capaz de percibir ese calor.
- Tranquilo,
tranquilo, sólo fue una pesadilla – susurraba la
chica con
dulzura.
- Lo se, lo se
– pudo decir luego de unos segundos de silencio –
se que era un
sueño, pero es que era tan…
-
¿Real? – completó ella por
él.
- No, no es
eso… es que, por más absurdo que sea un
sueño, nunca es del todo
irreal ¿no?
-
¿Qué quieres decir Conan?
-
Mírame – dijo, en vez de responder a la pregunta
– por favor…
Ran se
separó del niño sólo lo suficiente
para poder mirarlo a los ojos. No
recordaba haber visto una expresión tan triste, tan desolada
y menos en el
rostro de un niño tan pequeño, eso la
asustó.
-
¿Conan?
- Yo estoy
aquí, incluso aunque no puedas verme… estoy
aquí… - susurro
acariciando a Ran en la mejilla con dedos temblorosos
-
¿Qué no puedo verte? – se le
escapó una risa nerviosa tras esa pregunta –
pero si siempre te veo, no me digas te sientes ignorado Conan.
- No…
no me refería eso… No importa Ra…
hermanita Ran – dijo intentando dar a
su voz un tono más alegre, consiguiendo un
patético efecto contrario. Su rostro
esbozando un intento de sonrisa, lejos de parecer alegre le daba a sus
facciones el angustiado aspecto de alguien que esta a punto de llorar,
incluso
aunque ni un solo asomo de lágrimas se atisbara en sus ojos,
lo que no pasó
desapercibido a la atenta mirada de la joven.
- Te has quedado
dormido con las gafas puestas, eso no esta bien, podrían
quebrarse – comentó Ran y lentamente le
quitó las gafas al niño que no hizo
ningún gesto de querer detenerla.
Ya ni siquiera
mantenía el intento de sonreír, su rostro era
sencillamente
triste y serio… Conan era un niño tan
extraño, lucía tan maduro a veces…
Porque
no parecía simplemente un niño
retraído, no… aunque Ran no era experta en
psicología infantil después de todo y tal vez
estaba pasando por alto algún
detalle… Sin estar segura de que más hacer, dijo
lo primero que se le vino a la
mente cuando vio en lo profundo de esos ojos azules.
- Te pareces tanto
a Shinichi a veces, en muchos detalles, a veces casi parece
que lo estoy viendo a él… pero por favor, no seas
tan igual a él. Shinichi
siempre sufre en silencio, no flaquea nunca, no llora nunca…
Lo se, porque lo
conozco desde hace tanto tiempo, porque siempre lo observo y a veces
siento que
es inalcanzable, que cuando sufre no puedo llegar a él, que
no consigo
consolarlo… Siempre trata de cargar con todo solo y eso no
esta bien… Por favor
Conan, déjame consolarte, dime qué te sucede
¿qué soñaste?
- Yo…
no puedo decírtelo… Y no puedes recriminarme por
eso, también tú sufres
en silencio.
- Esta bien, no
voy a presionarte para que me cuentes que clase de pesadilla
tuviste, pero… al menos prométeme que si quieres
llorar lo harás y… por favor,
no te retraigas Conan, deja que yo te consuele ¿esta bien?
Puede que yo sufra
en silencio, pero al menos tengo la fuerza de llorar cuando lo necesito.
Y lo
abrazó, lo abrazó tan amorosamente, tan
intensamente… ¿era conciente del
sentimiento que la embargaba a ella misma al abrazarlo?... no, no lo
era,
porque su razón, su lógica, eran victimas de una
mentira, de un teatro, porque
creía realmente en ese espectáculo de marionetas
cuyos hilos Shinichi manejaba
entre sombras, obligado por las circunstancias. Pero su
corazón, ese corazón
tan puro e inocente de la joven parecía sentir la verdad
tras las mascaras, por
eso incluso sin ser conciente de eso, ella no estaba abrazando a
Conan…
Estaba abrazando a
Shinichi…
Y él lo
sintió… o tal vez simplemente quiso sentir que
era así. Y la abrazó
también, enterrando sus uñas en la tela del
pijama que usaba la chica, el
abrazo más intenso que era capaz de dar con sus brazos tan
cortos.
Y finalmente las
lágrimas acudieron, silenciosas, tranquilas, recorriendo
lentamente sus mejillas.
No
quería desaparecer, quería sentir que
todavía estaba vivo, incluso aunque
viviera como un fantasma, entre sombras, él
quería tener esperanzas, porque no
murió esa noche aunque bien ese podría haber sido
el desenlace del camino que
eligió cuando siguió a Vodka… No
murió, y por eso no iba a rendirse hasta
recuperar todo lo que había perdido… Hasta
recuperarla a ella, porque no iba a
ser Conan para siempre, no, él no desaparecía en
la oscuridad.
- Tú si
logras llegar al hermanito Shinichi… si logras
consolarlo… - fue lo
último que dijo antes de hundirse totalmente en los brazos
de la chica.
No supo cuanto
tiempo permanecieron así, abrazados, tampoco supo en que
momento
dejaron de fluir las lágrimas. Sólo supo que en
algún momento cerró los ojos,
pues se sentía muy cansado, y al abrirlos, los primeros
rayos del sol
iluminaban tenuemente el cuarto y él aún estaba
entre los brazos de Ran, ella
no volvió a su habitación, se quedó
ahí con él, durmiendo a su lado.
La
contempló largo rato, como hipnotizado por la belleza de su
rostro, recorrió
cada línea con la mirada, el flequillo que caía
desordenado, sus parpados
cerrados, su nariz, sus labios…
Acercó
su rostro al de ella, cerca, muy cerca… acercando sus labios
a los de ella
para besarla… pero mantuvo la distancia justa para no llegar
a tocarla, tan
sólo unos milímetros, extasiado de sentirla tan
cerca, de sentir su aliento tan
calido.
Aún era
muy temprano, aún tenía sueño.
Así que volvió a cerrar los ojos, ahí
junto a ella… no importa lo que tuviera que pasar, lo duro
que podría ser o
cuanto podría llegar a sufrir, él
permanecería siempre al lado de ella y no
desaparecía nunca, era algo que valía la pena,
porque ella era quien le daba
fuerzas y esperanzas y le hacía sentir que aún
seguía vivo… porque ese era el
lugar donde quería estar, para siempre.
Fin
Comentarios de la autora:
Bueno, aquí esta mi
segundo fic terminado de Detective Conan,
otro oneshot estilo escena.
En fin… otra historia Shinichi/Conan x Ran, aunque con un
enfoque muy distinto
al de “Tres Melodías en
Violín”, dándome el gusto de trabajar
en una trama más
oscura y triste, lo que me mantiene de algún modo, fiel a mi
estilo de
romántica angustia con tintes macabros.
No creo que necesite aclarar que en el titulo de este fic con
“fantasma” me
refiero a Shinichi, que de algún modo vive como un fantasma,
como si hubiera
muerto esa noche en Tropical Land ya que le conviene…
interpretación personal
de los sucesos de la serie. La frase que ha dicho Ran en este fic
“Puede que yo
sufra en silencio, pero al menos tengo la fuerza de llorar cuando lo
necesito”
es una frase que hace mucho he querido escribir, desde que Fye dijo en
Tsubasa
Reservoir Chronicles “Llorar cuando lo necesitas
también te hace más fuerte”
vamos, que hay gente que suele subestimar mucho al llanto.
Por último, comentar que en Japón los funerales
estilo occidental son muy raros
ya que la mayor parte de la población es
budista-sintoísta y no estoy muy
segura de cómo son los rituales aunque intenté
investigarlo antes de escribir
el fic, admito que no busqué mucho y tal vez por eso no
encontré mucha
información, pero lo cierto es que de todas formas
quería hacer una descripción
occidental y como el contexto era un sueño y
además quería pintar con las
palabras algo parecido a un cuadro surrealista, no me
pareció tan fuera de
lugar.
Espero que haya gustado esta historia
Kissu
+ Kikyo +
Indice
DCForever
Tres Melodias De
Violín